Lluïsa Cunillé vuelve a ganar el Premi Born de Teatre once años después con ‘El temps’

Foto | Tolo Mercadal

El jurado calificó la obra como un «drama de personajes» de una «escritura sutil y delicada, y a la vez muy consistente»

 
Joan M.M | 21/11/2010- Ultima Hora Menorca


Once años después, y ahora con un currículum incluso más impresionante, la autora catalana Lluïsa Cunillé (Badalona, 1961) ha vuelto a alzarse con el Premi Born de Teatre. Si en aquella ocasión, en 1999, lo ganó con la obra L'aniversari, en este 2010 lo ha hecho con el texto, también en catalán, El temps, convirtiéndose así en el cuarto autor que repite galardón en las 35 ediciones del certamen que organiza el Cercle Artístic de Ciutadella, después de que antes lo hicieran Jesús Campos (1973 y 1988), Jorge Díaz (1990 y 1992) y Antonio Álamo (1996 y 2005). Además, Cunillé sigue siendo la segunda mujer que ha logrado el Born de Teatre, tras Maria Dolors Cortey en su primera edición (1970) y ella misma en 1999.
El premio (estatuilla, 18.500 euros y edición de la obra en los cuatro idiomas oficiales de España) fue entregado anoche en el Teatre Principal de Maó tras la representación del American Buffalo de David Mamet dirigido por Julio Manrique. Lluïsa Cunillé, parca en palabras, lo recogió de manos de la presidenta del Cercle Artístic de Ciutadella, Maria Josep Rebassa, quien, por cierto, se estrenaba en esta faceta tras asumir la presidencia en marzo de este año.
Sobre El temps, el jurado dejó constancia de que se trata de un «drama de personajes escrito con un muy buen pulso narrativo, que sabe mantener una tensión contínua, a partir de pocos elementos y con un uso moderado de los silencios y las palabras: de las cosas dichas y de las no dichas», siendo una obra «de una escritura sutil y delicada, y a su vez muy consistente».
Además, El temps («la historia de un hombre y una mujer con sus respectivas familias y situaciones y que al cabo de un tiempo coinciden de forma casual», revelaron las portavoces del jurado Magda Puyo y Mercè Arànega) es una obra que «sabe hablar del paso del tiempo, de las renuncias, de las desapariciones, de la vida y la muerte», haciéndolo de manera que «deja que el espectador participe en la construcción de la historia, la complete y le dé sentido», como les pasó a las propias Puyo y Arànega, comentaron ayer por la mañana, ya que, dijo Puyo, hay una «economía tan grande de palabras, que tú completas la obra con las propias emociones sobre la vida y el tiempo, que es, el tiempo, justamente lo que nos hace mortales»; mientras que para Arànega hay mucha «delicadeza en no hacer daño y no hay rabia por esa angustia del paso del tiempo, así que al no eclosionar los personajes es a tí (espectador o lector) a quien provoca esa eclosión».